martes, 13 de septiembre de 2016

ATHANASIUS KIRCHER





ATHANASIUS KIRCHER


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Manuscrito Voynich ¿CODICE o TRATADO DE MEDICINA?




 
El misterioso Manuscrito Voynich ha esquivado cualquier esfuerzo realizado hasta el momento para desvelar su contenido. 
 
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Podemos imaginar una oscura y extraña biblioteca en el corazón de Praga. En su interior, algunos raros manuscritos esperan en la estantería. Unos pocos son tan viejos y ajados que apenas pueden tocarse sin que se desmenucen. Otros son más nuevos y sofisticados, pero todos hechos a mano e ilustrados con paciencia. Pero entre ellos destaca uno. Un libro que ha pertenecido a un emperador. Y a un increíble sabio antes que él. Y a un botánico... Sin embargo, ahora el libro es una pieza inútil en la estantería de Georg Baresch, el Alquimista. Pues ni si quiera él, con su importante colección de conocimientos herméticos, ha conseguido descifrar un sólo ápice del misterioso Manuscrito Voynich. Lo que contamos es una historia real que concierne a uno de los documentos más ladinos que ha existido en la Tierra.
 
 
 
 
 
 
 Cientos de años después, el Manuscrito Voynich se encuentra a buen recaudo dentro de la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos. Pero ni las más modernas técnicas ni los algoritmos más potentes han conseguido, todavía, descifrar nada sobre el oscuro Manuscrito Voynich. Este documento es un libro que consta de 240 páginas, aunque sabemos que se han perdido varias a lo largo de la historia. En él hay una gran cantidad de texto escrito a mano e ilustraciones en prácticamente todas las hojas. Las ilustraciones parecen indicar que el texto está dividido en secciones temáticas que van desde la botánica a la astrología (y astronomía). El texto está en un idioma por completo desconocido llamado Voynichés en honor al especialista lituano en libros antiguos Wilfrid M. Voynich, quien rescató el libro en 1912 tras casi 250 años perdido. Ni que decir tiene que el propio Voynich no pudo descifrar nada del mismo. Pero lo rescató del olvido, razón por la que lleva su nombre.
 
 

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Según los estudios realizados, el Manuscrito Voynich no parece ser un complicado engaño que simula un lenguaje indescifrable. Muy al contrario, existen varias pruebas que indican que el documento está escrito en un lenguaje real (desconocido o no) y con sentido. Así lo confirma la llamada "ley de Zipf", una ley empírica según la cual, en una lengua, la frecuencia de aparición de las palabras sigue una distribución característica según la aparición de las palabras. Esta ley, aunque es una aproximación, se cumple en todas las lenguas conocidas, incluyendo algunas artificiales como el esperanto (y no en otras como el Quenya, el Sinda o el Klingon, fantásticas). También se cumple en el Manuscrito Voynich. Es bastante improbable que su autor conociese esta ley unos 500 años antes de que la descubriesen, lo que da a entender que el texto ha de tener algún sentido lingüístico.
 
 
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Por otro lado, hay quien piensa que en realidad el Manuscrito Voynich es un texto cifrado o, incluso, un texto de códigos para descifrar otros textos. También podría ser un documento escrito en diversas lenguas, mezcladas o separadas. O, sencillamente, estar escrito en una lengua que desconocemos. Ante esta hipótesis las ilustraciones de las plantas parecen apuntar a una lengua mesoamericana de la que no nos queda constancia. Aunque sigue siendo una hipótesis compleja de probar. Por mucho que hemos estudiado, usado técnicas criptográficas, desempolvado viejas lenguas y todo nuestro saber, el Manuscrito Voynich sigue siendo un auténtico misterio. ¿Quién sabe qué esconden sus páginas? Por el momento, estamos tan a oscuras como el propio Baresch en su biblioteca de Praga.
 
 
  
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miércoles, 7 de septiembre de 2016

Goetheanum de Rudolf Steiner



Goetheanum




El Goetheanum, situado en Dornach (cerca de Basilea), Suiza, es el centro mundial del movimiento antroposófico. Llamado en honor a Johann Wolfgang von Goethe, contiene dos salas de actuaciones (1500 asientos), espacios de exposiciones y lectura, una biblioteca, una tienda de libros y espacios administrativos para la Sociedad Antroposófica. Los edificios vecinos contienen las instalaciones educativas y de investigación de la Sociedad. Varias veces al año se realizan conferencias sobre temas de interés general. También se celebran con frecuencia conferencias de especialistas para profesores, agricultores, médicos, terapeutas, y otras profesiones. El Goetheanum está abierto a los visitantes siete días a la semana y ofrece varias visitas diariamente.
 
 
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El Primer Goetheanum, una estructura de madera y hormigón diseñada por Rudolf Steiner,[1] [2] fue uno de los diecisiete edificios que diseñó y supervisió Steiner entre 1908 y 1925.[3] Fue concebido como un Gesamtkunstwerk (la síntesis de diversos medios artísticos y efectos sensoriales), impregnado de importancia espiritual.[4]
 
Comenzado en 1913 para albergar los eventos anuales de teatro en verano de la Sociedad Antroposófica,[5] rápidamente se convirtió en el centro de una pequeña colonia de buscadores espirituales situada en Dornach en torno a Steiner. Numerosos artistas visuales contribuyeron al edificio: los arquitectos crearon una extraña estructura de madera con dos cúpulas sobre una base curva de hormigón, las vidirieras añadían color al espacio, los pintores decoraron el techo con motivos de la evolución humana, y los escultores tallaron bases de columnas, capiteles y arquitrabes con imágenes de metamorfosis.[3] [6]
 
Ya durante la construcción, músicos, actores y artistas del movimiento comenzaron a interpretar una gran variedad de piezas en un taller vecino. Cuando se completó el salón del Goetheanum, en 1919, estas actuaciones se trasladaron al escenario situado bajo la cúpula más pequeña del Goetheanum. El auditorio se situaba bajo la cúpula mayor.
 
El edificio fue destruido por un incendio provocado en la nochevieja del 31 de diciembre de 1922 al 1 de enero de 1923.[6] [7]
  
 
En 1923, Steiner diseñó un edificio para sustituir al original. Este edificio, conocido como el Segundo Goetheanum, se construyó completamente de hormigón. Comenzado en 1924, el edificio no se completó hasta 1928,[5] tras la muerte del arquitecto. Representa un uso pionero de hormigón visto en arquitectura[8] y se le ha concedido estatus protegido como un monumento nacional suizo.[9] El crítico de arte Michael Brennan ha llamado al edificio "una verdadera obra de arte de la arquitectura expresionista del siglo XX".[10]


El actual Goetheanum contiene un auditorio de 1000 asientos, actualmente centro de una activa comunidad artística que realiza actuaciones de su compañía de teatro y grupos de euritmia así como artistas de visita de todo el mundo. A mediados de la década de 1950 y a finales de la de 1990 se realizaron remodelaciones completas del auditorio central. Las vidrieras en el edificio actual provienen de la época de Steiner; el techo pintado y las columnas esculturales son réplicas o reinterpretaciones contemporáneas de los del Primer Goetheanum.

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Esta tarde en Madrid hace un calor que te mueres ¡GRACIAS WILLIS HAVILAND CARRIER!


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Willis Haviland Carrier
Es más conocido como el hombre que inventó el aire acondicionado.
 
 
Carrier nació en Angola, Nueva York, a la orilla del lago Erie, y heredó el amor de su madre para "ocuparse vanamente", con relojes, máquinas de coser, y otros dispositivos de la casa. Amó las matemáticas, y las estudió en cada oportunidad que tuvo, cuando no estaba enfrascado inventando sus propios dispositivos.
 
Es más conocido como el hombre que inventó el aire acondicionado. En 1895 recibió una beca en la Universidad Cornell y se graduó en 1901 en ingeniería eléctrica. Después de la universidad, trabajó para Buffalo Forge Company, compañía que fabricaba calentadores, sopladores y dispositivos de extracción y escape de aire, en su departamento de ingeniería de calefacción diseñaba sistemas de calefacción para secar la madera y el café.
 
Carrier pronto desarrolló un mejor modo de medir la capacidad de los sistemas de calefacción y fue nombrado director del departamento de ingeniería experimental de la compañía. En 1902, a los 25 años de edad, ideó su primera invención importante, un sistema para controlar el calor y la humedad para Sackett-Wilhelms, compañía litográfica y de publicaciones en Brooklyn. La firma no había podido fijar los colores en ocasiones debido a los efectos de calor y humedad en el papel y la tinta. Carrier recibió en 1906 una patente para su método. Él se puso a trabajar con ahínco en otras invenciones sobre refrigeración y control de humedad, y fue eventualmente hecho el jefe de una parte de la empresa nombrada Carrier Air Conditioning Company subsidiaria de Buffalo Forge en su honor.
 
Cuando llegó la Primera Guerra Mundial, la Buffalo Forge fue forzada a recortar gastos, y eliminó su división de aire acondicionado. Carrier, con seis colegas, invirtieron 32.600 dólares en su propia compañía, Carrier Engineering Corporation. Algunos de los primeros clientes de la compañía fueron el Madison Square Garden y los departamentos del senado de los Estados Unidos y la cámara de representantes.
 
Instaló el primer aire acondicionado doméstico en una casa en Minneapolis, Minnesota en el año 1914. Carrier trasladó su compañía a Syracuse (Nueva York) en los años 1930, y la compañía llegó a ser una de las que más empleados tenían en Nueva York. En 1930, inauguró Tokyo Carrier en Japón. Japón es ahora el mayor mercado de aire acondicionado del mundo.
 
La compañía fue pionera en el diseño y fabricación de máquinas de refrigeración para espacios grandes. Aumentando la producción industrial en los meses del verano, el aire acondicionado revolucionó la vida americana. La introducción del aire acondicionado residencial en los años 1920 ayudó al comienzo de la gran migración a las zonas cálidas del sur. En el año 2000 Carrier Corporation tenía ventas de más de 8 mil millones de dólares y daba empleo a unas 45.000 personas.
 
 
 
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martes, 31 de mayo de 2016

Johann Wolfgang von Goethe



Johann Wolfgang von Goethe

Johann Wolfgang von Goethe fue un poeta, novelista, dramaturgo y científico germánico, contribuyente fundamental del Romanticismo, movimiento al que influenció profundamente. Wikipedia
Fecha de la muerte: 22 de marzo de 1832, Weimar, Alemania
 
 
 
 
La psicóloga Catharine Cox Miles realizó en la década de 1920 una estimación del cociente intelectual (CI) de más de 300 grandes genios de la humanidad. La tabla estaba encabezada por Johann Wolfgang von Goethe, que con 210 puntos aventajaba a portentos de la ciencia como Newton, a quien Cox atribuía 190; del pensamiento, como Leibniz y Pascal (con 205 y 195 respectivamente); o de la literatura, así Friedrich Schiller y Heinrich Heine, ambos 'colegas' de Goethe y con 165 de CI.
 
Aquella sorprendente relación (por lo alambicado que se antojaba el procedimiento) formaba parte del libro 'La mente humana', de nuestro eminente José Luis Pinillos, que muchos estudiantes de Psicología y curiosos de toda índole devoraban en la década de 1970 con los ojos puestos en aquel hombre, Goethe, que se suponía habitaba la cima más elevada de la inteligencia humana.
 
Ahora, el destacado filósofo y escritor alemán Rüdiger Safranski ha buceado en la biografía, obra y sistema de pensamiento del autor de 'Las afinidades electivas' en el volumen Goethe. 'La vida como obra de arte' (Tusquets), que amplía su alabada serie de semblanzas que ya ha retratado a Nietzsche, Schopenhauer, Heidegger y Schiller.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
P. UNAMUNO
 
Como recogía Pinillos en 'La mente humana', Goethe estaba convencido de que cualquier hombre es capaz de logros asombrosos cuando encuentra su propio "genio"; dicho con sus palabras libremente entendidas, cuando dirige sus tentáculos en una dirección determinada.
 
Bien porque su curiosidad intelectual era insaciable, bien porque él disponía de demasiada máquina para concentrar sus inmensas capacidades en un solo campo, Goethe "adoptó como principio la máxima de acoger en sí tanto mundo como pudiera elaborar", escribe Safranski, que comienza su obra refiriéndose al escritor como "un acontecimiento en la historia del espíritu alemán".
 
Que la naturaleza es injusta lo demuestra de manera inequívoca que Goethe no sólo atesoraba un cerebro prodigioso sino también riqueza, hermosura, elocuencia y gracia. Para mayor congoja de quienes tienden a asociar inteligencia con espíritu atormentado, Safranski postula que además "tenía una admirable capacidad de ignorar" todo aquello "a lo que no podía dar una respuesta productiva".
 
Que la naturaleza es injusta lo demuestra de manera inequívoca que Goethe no sólo atesoraba un cerebro prodigioso sino también riqueza, hermosura, elocuencia y gracia.
 
Hoy englobaríamos dentro de la "inteligencia emocional" ese don para saber "a qué dar entrada y a qué no" que, de acuerdo con el autor de Goethe, lo convierte en un referente tanto con sus obras como con su vida. Puesto que no podía soportar lo casual e informe, escribió y vivió para dar forma: "O bien la descubría, o bien la creaba".
 
A los siete años, nuestro hombre decía cosas un tanto odiosas como: "No puedo contentarme con lo que a otros les basta". Con pocos más vio tocar a Mozart, que lo maravilló. Él era todavía un pipiolo que, eso sí, abrigaba el sueño de escribir con su hermana Cordelia una novela ¡en seis idiomas! y que le exigía a su madre tres juegos de prendas de vestir al día: uno para la casa, otro para las salidas ordinarias y un tercero para reuniones de gala.
 
Una de las muchas mujeres que le rondaron le recomendó moderar su petulancia y dedicarse al estudio, sólo que la carrera de leyes le aburría y, llegado el momento de ejercer, lo hizo sin "ninguna ambición especial" a la espera de abandonarla por el oficio de escritor: ¡cuánto debe la creación en general a las facultades de Derecho!
 
Safranski rastrea con conocimiento y documentación apabullantes la búsqueda de su voz interior, por supuesto su extensa aventura política al servicio del príncipe heredero Carlos Augusto de Weimar, así como los albores del movimiento Sturm und Drang y una de sus manifestaciones más visibles: "el culto al autor", convertido en "divo". La vida del artista era ahora una obra de arte, y Goethe, un semidiós adorado como su 'Werther', que impactó de tal manera en la sociedad de su tiempo que Napoleón dijo haberla leído siete veces.
 
La insoportable levedad de ser Goethe consiste, según su biógrafo, en que escribe sus obras "en el primer intento" o bien las deja estar hasta que llega el momento propicio para volver a probar, razón por la que 'Fausto', por ejemplo, le lleva la vida entera. "Cuando se estancaba, iniciaba algo nuevo (...). Simplemente, tenía demasiadas ideas. Por eso le resultaba fácil destruir intentos anteriores".
Armado con semejante intelecto, crea sin aparente esfuerzo, los poemas se le presentan como a Mozart las notas. Esa actitud despreocupada, "casi infantil", que le lleva a destruir periódicamente sus escritos cambia a medida que su dedicación a la política en Weimar le inocula la duda de si todavía "seguía siendo un artista".
 
Con su viaje a Italia, Goethe quiere resolver si es capaz aún de «acabar algo o solamente de recoger los fragmentos», aventura Safranski, para quien aquella huida sirve para recordarle dónde se encuentra su centro de gravedad.
 
De vuelta en Alemania es decisiva su amistad con Schiller, cuya "alta concepción del arte" aguijonea a Goethe para dedicarse a la poesía "con seriedad profesional y obstinación artesanal". Hasta entonces, hacer poesía era para él "tan sólo una afición".
 
La muerte de su amigo en 1805 le hace ver la necesidad de recoger con cuidado sus obras en lugar de someterlas a periódicos autos de fe, de pedir incluso la devolución de sus cartas a sus propios destinatarios y de iniciar la redacción de una autobiografía, 'Poesía y verdad', que terminaría, como la segunda parte de 'Fausto', poco antes de morir.
 
La vida dio tiempo a Goethe para presenciar la ruptura que supuso la Revolución de 1830, que entre otras cosas trajo el arrumbamiento a un plano secundario del arte, la literatura y la filosofía en favor de la industria, las comunicaciones y el crecimiento de las ciudades.
 
Como mantiene Safranski, tras unos años de olvido, su figura emergió de nuevo como "ejemplo iluminador de lo lejos que puede ir quien asume como tarea de la propia vida el proyecto de llegar a ser lo que él es", ya sea orientando sus débiles tentáculos en una sola dirección o, como en el caso de Goethe, en todas.
 
 
 
 
 
 
 
 
Fruto de este interés científico y estético por la luz y el color fue su libro Zur Farbenlehre (Teoría de los colores), escrito en 1810. Opuesto en muchos aspectos a la óptica newtoniana, que criticó duramente (causando no poca polémica en su tiempo), ha quedado parcialmente desacreditado por la física moderna, pero la importancia de sus muchos hallazgos ópticos no se puede minusvalorar, y algunas de sus explicaciones siguen vigentes hoy en día. De todos modos, no entraremos aquí a reseñar sus hallazgos científicos ni a explicar sus discrepancias, a menudo mal encaminadas, con Newton, sino que nos centraremos en sus consideraciones sobre la percepción, la psicología y la estética del color.
 
En Teoría de los colores, Goethe trata cuestiones difíciles de resolver, como la significación simbólica de los colores, con una prosa tan persuasiva que difícilmente puede uno dejar de concordar con sus opiniones. Mi profesor de estética en la UNED, Simón Marchán Fiz, insistía mucho sobre la falta o déficit de “valor de verdad” de las teorías estéticas, y concuerdo con sus enseñanzas, pero las conjeturas de Goethe son tan convincentes que uno casi se siente inclinado a aceptarlas como ciertas. Goethe fue el precursor de la psicología del color.
 
En su tratado se opuso a la visión puramente física y matemática de Newton, proponiendo que el color depende también, en realidad, de nuestra percepción, en la que se halla involucrado el cerebro, y de los mecanismos del sentido de la vista. Aquí hay que reconocer que el genio alemán se columpió bastante, ya que Newton sí que había prestado atención a estas cuestiones, a diferencia de los físicos contemporáneos del propio Goethe, contra los que podría haber arremetido con más razón. Pero, aún así, sus comentarios al respecto revisten un gran interés. De acuerdo con sus teorías, lo que vemos de un objeto no depende sólo de la materia que lo constituye, ni tan sólo de la luz tal como la entendió Newton, sino que depende de una tercera variable que es nuestra percepción del objeto.
 
El problema a tener en cuenta aquí es la subjetividad inherente a la percepción individual. Goethe intentó deducir las leyes que rigen la armonía de los colores, atendiendo a sus efectos fisiológicos —es decir, al modo en que los colores nos afectan en tanto que seres vivos, organismos que responden a estímulos—, haciendo hincapié, en general, en el aspecto subjetivo de la visión. Este concepto ha tenido una gran trascendencia y sigue siendo válido hoy en día. Artistas, filósofos, psicólogos y científicos han estudiado los efectos del color durante siglos, desarrollando multitud de teorías sobre el uso del color.
 
El número y variedad de tales teorías demuestra que no pueden aplicarse reglas universales: la percepción del color depende de la experiencia individual. Esto entronca con mi referencia anterior a Simón Marchán Fiz, sobre la falta de verdad en la estética. Pero, como digo, Goethe es muy convincente, y para muchos sigue siendo una referencia. Incluso sus detractores actuales le deben mucho. Por ejemplo, Eva Heller arremete en su famoso libro Psicología del color: Cómo actúan los colores sobre los sentimientos y la razón (editado por Gustavo Gili) contra las “obsoletas” asociaciones establecidas por Goethe, pero al mismo tiempo su obra es deudora de las ideas del alemán, en tanto que reconoce la importancia simbólica de los colores, insiste en la relación no casual entre determinados colores y sentimientos, en su universalidad, etc. Siendo así que la percepción del color depende de cada cual, y teniendo cada uno sus propias preferencias y gustos en materia de colores, es difícil negar que todos percibimos, en mayor o menor medida, reacciones físicas ante ciertos colores, sensaciones como la de frío en una habitación pintada de azul claro o la de calor en otra pintada de naranja, amarillo y rojo.
 
Los colores cálidos estimulan la mente, alegran y hasta excitan, mientras que los colores fríos aquietan el ánimo; los negros y grises pueden resultar deprimentes, mientras que el blanco refuerza los sentimientos positivos. Aunque estas sensaciones son puramente subjetivas y dependen de la percepción de cada cual, las investigaciones de Goethe y de seguidores suyos como Wittgenstein, por ejemplo, vinieron a demostrar que son comunes a la mayoría de los individuos, y están determinadas por reacciones inconscientes de estos, así como por asociaciones inconscientes de estos colores con determinados fenómenos físicos. Goethe creó un triángulo con tres colores primarios: rojo, amarillo y azul (no se había afinado aún la síntesis aditiva hasta el punto de identificar con exactitud los verdaderos primarios: magenta, amarillo y cian). Utilizó este triángulo para trazar un diagrama de la psique humana, relacionando cada color con una emoción determinada.
 
En el triángulo original de Goethe, los tres primarios están situados en los vértices del mismo; las otras subdivisiones están agrupadas en triángulos secundarios y terciarios, donde los triángulos secundarios representan la mezcla de los dos colores primarios que están a su lado, y los colores del triángulo terciario representan la mezcla del color primario adyacente a él y el triángulo secundario que está directamente enfrentado a él.
 
Para Goethe era de la mayor importancia comprender las reacciones humanas al color, y su investigación marca el inicio de la psicología moderna del color. Goethe creía que su triángulo era un diagrama de la mente humana y conectó cada color con ciertas emociones. Por ejemplo, asoció el azul con el entendimiento y la razón y creía que evocaba un estado de ánimo tranquilo, mientras que el rojo evocaba un estado de ánimo festivo y sugería la imaginación. Goethe escogió los primarios, rojo, amarillo y azul, basándose en su contenido emocional, así como también en los fundamentos físicos del color, y agrupó las distintas subdivisiones del triángulo por “elementos” emocionales y también por niveles de mezclado. Este aspecto emocional de la disposición del triángulo refleja la preocupación de Goethe por que el contenido emocional de cada color fuese tenido en cuenta por los artistas.
 
AZUL: Es el color de la inteligencia, la sabiduría, la reflexión y la paciencia. Induce al recogimiento, proporciona una sensación de espacio abierto, es el color del cielo y el mar en calma, y así evoca también paz y quietud. Actúa como calmante, sosegando los ánimos e invitando al pensamiento.
 
 ROJO: Está relacionado con el fuego y evoca sensaciones de calor y excitación. Es el color de la sangre y el fuego, el color de Marte, símbolo de la violencia, de la pasión sensual; sugiere acción, impulso; es el color del movimiento y la vitalidad. Aumenta la tensión muscular, activa un cierto estado de alerta en el cerebro.
 
AMARILLO: Es el color del Sol. Para Goethe posee una condición alegre, risueña, es el color del optimismo. El amarillo tiene las cualidades del sol, es el color del poder y la arrogancia, pero también de la alegría, el buen humor y la buena voluntad; es un color estimulante.
 
VIOLETA: El violeta es el color de la madurez y la experiencia. En un matiz claro expresa profundidad, misticismo, misterio, melancolía, es el color de la intuición y la magia; en su tonalidad púrpura es símbolo de realeza, suntuosidad y dignidad.
 
NARANJA: Mezcla de amarillo y rojo, tiene las cualidades de ambos, aunque en menor grado. Para Goethe es el color de la energía, un color para temperamentos primarios, que gusta a niños, bárbaros y salvajes porque refuerza sus tendencias naturales al entusiasmo, al ardor, a la euforia…
 
VERDE: El verde significa la llegada de la primavera, simboliza la juventud y la esperanza. Por ser el color de la naturaleza, de los prados húmedos, sugiere aire libre y frescor; este color es reconfortante, libera al espíritu y equilibra las sensaciones. En estos seis colores se comprenden toda la enorme variedad de matices que pueden ser obtenidos por las mezclas entre ellos y también por la de cada uno de ellos con el blanco o el negro; cada una de estas variaciones participa del carácter de los colores de los cuales proceden, aunque con predominio de aquel que intervenga en mayor proporción.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 6 de abril de 2016

El bosque de Hoia-Baciu en Rumania




El Bosque de Hoia-Baciu

en
Rumania
 
 
Me llama mucho la atención que los tantas veces mencionados arboles (Pinus pinaster) de tronco curvo del bosque de Hoia-Baciu son idénticos a sus hermanos de otra zona misteriosa en POLONIA:


                                                        Los pinos torcidos de Gryfino
 
Gryfino Forest
 
Muchos fenómenos que observamos en la naturaleza carecen todavía de una explicación científica. Simplemente suceden sin que el ser humano sepa aún por qué. El bosque de Gryfino, situado cerca del pueblo del mismo nombre, en la antigua región alemana de Pomerania – que paso a manos de Polonia tras la II Guerra Mundial – es el escenario de uno de estos misteriosos sucesos que asombran a todo aquel que lo ve. Alrededor de 400 pinos silvestres de esta zona boscosa presentan una extraña curva en la base de sus troncos. Estos, se doblan casi 90 grados hacia el norte a unos pocos centímetros del suelo, tomando una característica forma de “J”. Por ello, los árboles que sufren este curioso fenómeno han sido bautizados por los lugareños como “Crooked forest” (Bosque encorvado).
 
Tal y como cuenta un artículo publicado en el blog “Forestalia”, las causas de esta extraña forma no están nada claras, lo que ha dado lugar a toda clase de teorías acerca de su origen. Las más descabelladas apuntan a anomalías gravitacionales, energías malignas o a una relación con los famosos círculos que aparecen en los campos de maíz. Otras teorías buscan una explicación más científicas y sugieren que estos árboles podrían haberse deformado por un fuerte viento o una gran acumulación de nieve ocurridos durante su juventud. Sin embargo, el hecho de que todos estos pinos estén rodeados por muchos árboles de la misma especie y edad que no presentan la curva resta credibilidad a esta explicación. Algo similar ocurre con otra posible explicación que cuenta con gran arraigo popular. Según sus defensores, la extraña forma de los troncos se debe a que los árboles fueron aplastados por los tanques que circularon por la zona durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los pinos tenían entre siete y diez años de edad.
 
Otros aseguran que la curva es el resultado directo de la acción del hombre, que habría plantado los árboles en los años 30 y les habría dado esa forma a propósito para producir madera curva, empleada sobre todo en la construcción de buques. El estallido de la guerra en 1939 habría paralizado el proyecto, por lo que los árboles habrían seguido creciendo de forma vertical hasta adquirir la curiosa forma que poseen en la actualidad. El uso de técnicas para deformar los troncos está ampliamente documentado en muchas zonas de Europa, lo que da cierta credibilidad a esta teoría.
 
Sin embargo, los habitantes de Gryfino rechazan esta posibilidad, ya que la madera de pino nunca se ha utilizado para construir barcos. Una última teoría apunta hacia la posibilidad de que la deformación fuera causada por el hongo Melampsora pinitorqua, que causa deformaciones en los brotes de los pinos jóvenes, aunque normalmente no suelen ser tan acusadas como las de los del bosque encorvado de Gryfino. Sea cual sea el origen de este curioso fenómeno, lo cierto es que estos extraños árboles y su misterioso origen se han convertido ya en una auténtica atracción turística en la zona.
 
 
El Bosque de Hoia-Baciu
 

Sin duda alguna el mundo esta lleno de lugares misteriosos, donde quizá el hombre no se atreve a ingresar por el temor de ser victima de fenómenos paranormales que lleguen a poner en riesgo su vida. Es así que en Rumanía se ubica la ciudad de Cluj-Napoca, la cual es considerada la capital de la provincia de Transilvania, la misma que se encuentra rodeada de bellos bosques, excepto el bosque Hoia-Baciu, el cual es muy temido por los habitantes del lugar, ya que se cuenta que este lugar seria una especie de puerta para otras dimensiones.
Según cuentan algunos valientes que se atrevieron a entrar en este misterioso bosque, empezaron a presentar cuadros de nauseas inexplicables, acompañados de fuertes dolores de cabeza, e incluso en unos casos se detectó extrañas erupciones o quemaduras en sus cuerpos, que generalmente las victimas no las sentían, a pesar de ser detectadas a simple vista.

Si bien es cierto que todos estos síntomas podrían deberse a una reacción alérgica a ciertas plantas presentes en dicho bosque, lo extraño es que las plantas también se ven afectadas, ya que algunas permanecen deshidratadas y con los tallos y hojas quemadas, sin poder explicar el motivo. También se cuenta de casos de personas desaparecidas, como cuando un pastor que ingresó a este bosque con un rebaño de 200 ovejas, desapareció misteriosamente sin dejar rastro alguno. Este extraño incidente llevó a bautizar este lugar como El Triángulo de las Bermudas de Rumanía.

Algunos casos narran que en este bosque de Hoia-Baciu se da el fenómeno de tiempo perdido. ya que hay casos donde personas que han ingresado al bosque y salido del mismo al cabo de unas horas según ellos, en el mundo real no transcurrieron horas sino días, por lo que se armaron grupos de rescate que encuentran finalmente a estas personas.

Ademas el bosque Hoia-Baciu también ha sido escenario de eventos con OVNIS, como el acontecido en 1968, cuando el técnico militar Emil Barnea ingresó a este bosque con un grupo de amigos para acampar durante un fin de semana, cuando de pronto mientras recogía leña fué alertado por los gritos, donde de manera increíble pudo ver un extraño objeto de color blanco brillante que volaba en silencio a baja altura, que realizó muy maniobras rápidas, para luego desaparecer en el cielo.

Posteriormente este tipo de eventos fueron presenciados por otros investigadores, quienes ingresan sin hacer caso a las advertencias de los pobladores de este lugar. Otras experiencias cuentan haber visto formas humanoides, o haber escuchado extraños susurros e incluso hasta risas fantasmales, que aterran a cualquiera que ose ingresar a este misterioso bosque.

Se sabe que estos fenómenos sobrenaturales se acrecientan en la zona conocida como El Círculo. localizado en la parte mas profunda de este bosque, donde existe un claro circular entre los árboles, donde se cree habitan espíritus malignos, debido a que se cuenta que mucho tiempo atras aquí se produjo una cruel matanza de campesinos.

Lo cierto es que este lugar presenta o esta cargado de mucha energía negativa que se transmite a cualquiera que ingrese a sus dominios, por lo que se experimenta todos estos extraños fenómenos. Puede ser también que Hoia-Baciu sea efectivamente un portal a otras dimensiones, lo concreto es que hay muchas cosas que no entendemos, y que incluso la ciencia trata de encontrar sin éxito hasta ahora, la lógica de estos eventos, pero aun nos queda mucho por descubrir.
 
 
 
 
 
 

lunes, 21 de marzo de 2016

La Masa y El Espacio-Tiempo se crean cuando hay movimiento respecto a un Punto Cero del Universo.

 
 
 
 

Masa y ESPACIO-TIEMPO = f(V)

La Masa de cualquier cuerpo y el Espacio-Tiempo solo existen cuando hay Movimiento del cuerpo respecto el CERO ABSOLUTO DE VELOCIDADES DEL UNIVERSO.

 
 
 
 

SANTIAGO FERNANDEZ MURCIANO

 
 
1.- Un cuerpo con velocidad CERO con respecto al Cero Absoluto de Velocidades del Universo no tiene ni masa ni tiempo (No Existe para nosotros), por lo tanto no deforma ninguna magnitud que la rodea.
 
2.- Un cuerpo con velocidad infinita  con respecto al Cero Absoluto de Velocidades del Universo tiene masa  infinita (Einstein dedujo como Invariante la Velocidad de la LUZ = C).
 
3.- La velocidad de la LUZ varia a lo largo del tiempo que desarrolla al tener la dualidad onda corpúsculo.
 
 

 
 
 
 
 
 


RADIOACTIVIDAD

RADIOACTIVIDAD NATURAL NORM (Naturally Ocurring Radioactive Materials)  Un Riesgo a tener en cuenta en los trabajos de las Industrias petrol...